6 noviembre 2017
piorrea

Piorrea es una de las palabras más feas del diccionario. Es fonéticamente dura y suena fea, sugiriendo suciedad, incultura, culpabilidad y castigo. Padecerla puede ser tan vergonzante que se encuentra consuelo en la predisposición heredada a la enfermedad. Empeorando el escenario, parece reinar la incertidumbre sobre el resultado del tratamiento.

Los dos casos siguientes, al inicio y final del tratamiento, son ejemplos de personas jóvenes que durante años ocultaron conscientemente su enfermedad, hasta decidirse a recibir tratamiento.

Durante las últimas tres décadas, el paradigma anterior ha evolucionado hacia uno muy diferente. La enfermedad peridontal es prácticamente universal. Hay quien tendrá un milímetro de enfermedad en una de las caras de un diente y hay quien perderá todos los dientes por la enfermedad. Todo dependerá de la cantidad y variedad de bacterias y de nuestras defensas frente a ellas.

La mayor gravedad y peor evolución puede suceder en bocas aparentemente limpias, mientras que en algunas bocas francamente descuidadas la enfermedad no sería tan agresiva.

Tener mucho sarro y sangrado de encías puede asociarse a la enfermedad, pero no necesariamente quiere decir que esa persona responderá mal al tratamiento. Más bien al contrario. Ante la misma gravedad, el pronóstico suele ser mejor cuanto más suciedad y sangrado había.

Los dos casos siguientes tienen una periodontitis moderada. El ejemplo de la izquierda se mantendrá estable sin perder dientes mientras que en el de la derecha se perderán muchos dientes a largo plazo.

Independientemente de lo limpia que esté una boca, si la persona tiene algunos factores de riesgo claves como predisposición, tabaquismo y bruxismo, el pronóstico será mucho peor.

Aunque con ciertas reservas al generalizar, las personas más propensas a perder los dientes no son las de mayor edad, sino las jóvenes con más factores de riesgo.

La enfermedad periodontal puede controlarse con tratamiento y revisiones y solo el 40% de los pacientes perderá dientes; más cuanto más grave sea la enfermedad y más factores de riesgo participen.

Un 10% como máximo perderá más de dos dientes y actualmente podemos anticipar que pacientes serán. En concreto, la evolución será peor cuantos menos dientes queden, cuanto más grave sea la enfermedad, cuanto más joven se sea y si se fuma y se tiene bruxismo, además de una predisposición genética.

La encía y el conjunto de estructuras que sujetan el diente reflejan muchas enfermedades y condiciones sistémicas. La diabetes mal controlada es el ejemplo más claro.

En general el conjunto de alteraciones inmunitarias o defensivas repercutirían en la encía, puesto que en su interior siempre hay bacterias en mayor o menor medida.

Cuanto mayor sea la alteración inmunitaria, mayor predisposición a la enfermedad habría. Sin embargo, estas enfermedades no son propiamente enfermedad periodontal, sino manifestaciones periodontales de enfermedades sistémicas.

Publicado en: Bruxismo, Clínica, Periodoncia

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